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Mostrando entradas de febrero, 2011
…estaba de pie, la ciudad aquella, absolutamente vertical.

*Céline

recordatorio

Miró a Merrill, enfrente, con una chaqueta de color burdeos sobre una falda púrpura. En la solapa lucía un broche dorado que por su tamaño podría haber sido una estatuilla. A su pelo, corto y de un indefinido y vivo color paja, no parecía importarle lo poco natural que resultaba; se limitada a decir: “Es para recordarte que en otro tiempo fui rubio, más o menos rubio, en cualquier caso”.
*
La de cosas que sabes – Julian Barnes

fragmento

Nunca es tarde para amar, yo soy de ese lema. O lo era. La verdad que viví equivocada.
Y ella vuelve ahora pretendiendo un cambio. Mentirosa. Como si se pudiera ir y venir, y una no siguiera siendo la misma. Ni siquiera mentirosa, ingenua, de generosa, lo digo. Tan fácil sería: voy a comprar cigarrillos, cinco minutos, vuelvo renovada. La vida no es así, una va, viene y sigue igual. Cambia peinado, estrena glamour, colecciona dietas, pero sigue siendo la misma. Meta pierna para adelante, al costado o en zigzag. Un salto también puede ser. Te arremangás la pollera, el vestidito, te acomodás las sandalias. Se avanza como se puede, pero mantenés el rengueo. Y nosotras juntas rengueamos parejo. Fuimos bastón y nos volvimos palo en la nuca. Tanto nos necesitábamos, tanto nos queremos...