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Mostrando entradas de febrero, 2008

SILENCIO by Clarice Lispector

Es tan vasto el silencio de la noche en la montaña. Y tan despoblado. En vano uno intenta trabajar para no oírlo, pensar rápidamente para disimularlo. O inventar un programa, frágil punto que mal nos une al súbitamente improbable día de mañana. Cómo superar esa paz que nos acecha. Silencio tan grande que la desesperación tiene vergüenza. Montañas tan altas que la desesperación tiene vergüenza. Los oídos se afilan, la cabeza se inclina, el cuerpo todo escucha: ningún rumor. Ningún gallo. Cómo estar al alcance de esa profunda meditación del silencio. De ese silencio sin memoria de palabras. Si es muerte, cómo alcanzarla. Es un silencio que no duerme: es insomne; inmóvil, pero insomne; y sin fantasmas. Es terrible: sin ningún fantasma. Inútil querer probarlo con la posibilidad de una puerta que se abra crujiendo, de una cortina que se abra y diga algo. Está vacío y sin promesas. Si por lo menos se escuchara al viento. El viento es ira, la ira es vida. O nieve. La nieve es muda pero deja r…

algo de lo que fue

la LECTURA CHI* ARG*
hubo más, hubieron otras cosas.

ESA VANIDAD ES EL CONTENIDO MÁS PROFUNDO DE LA VIDA HUMANA

Hay algo que duele, hiere y quema de tal manera que ni siquiera la muerte puede extinguirlo: y es cuando una persona, o dos, hieren ese amor propio sin el cual ya no podemos vivir una vida digna. Simple vanidad, dirás. Sí, simple vanidad…
Sándor Márai Cuando él sonrió forzado y apuró el paso con cara de ¿y a esta qué le pasa?, ella bajó la mirada y se dio cuenta de que él no la había reconocido.
Eso la hizo dudar a ella también: dudó de si el hombre con el que acababa de chocarse, así, de frente, en la esquina, era el mismo que siete años antes dormía abrazándola por la espalda, el que noche a noche la esperaba a la salida del teatro, esperaba que otros que no conocía la saludaran antes que él, el que le dejaba cartas adentro de los zapatos, el mismo que empecinado le regalaba sombreros.
Lo ve irse, y sí es él, su manera de andar, su paso rápido, la mano izquierda en el bolsillo, todavía en el bolsillo.
Cómo podía no reconocerla, ni siquiera estaba tan cambiada, con más o menos el mismo co…

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