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Mostrando entradas de julio, 2009
CIUDAD MUJER

Ella descansa la mano sobre la mesa o eso intenta que parezca, una mano casi olvidada sobre la mesa de un bar, una mano que pretende invitación.
Pero debajo hay un pie que rehúsa cualquier mano cualquier intento de caricia, un pie rítmico por temeroso.
Ella, otra mujer que espera en Buenos Aires ciudad mujer, ella que espera sola rodeada de gente: mujer que sigue el movimiento del bar, como aquella otra que espera que un timbre suene, esta espera que alguien roce su hombro, toque su mano o directamente se siente a su mesa.
Hay mujeres, de otras que escriben mujeres, que coleccionan pulseras por amantes, flores robadas de jardines ajenos. Ella colecciona el recuerdo de las miradas de aquellos que alguna vez la miraron: ojos negros o marrones, nunca verdes o azules, quizás sí miel pero no grises, nunca ojos que recuerden el mar. No sabe nadar y teme ahogarse.
¿Y los de ella?
Negros como si fueran toda pupila. Quizás sea eso, dice ella y la mujer de la mesa de al lado la mira al e…
Una mujer que acaba de quedar viuda habla con su vecina.

Viuda: Justo hoy fui a buscarle los análisis.
Vecina: ¿Y cómo le dieron?
Viuda: Bien.
Vecina: Qué alivio.

dime cómo andas...

"Un ser dotado de inteligencia ¿no se siente soberanamente ridículo cuando cae al suelo, cualquiera sea el motivo? Tanto es así que el pueblo, al que le interesa la caída de un caballo, siempre ríe cuando cae un hombre."
H de Balzac
Cuando llegó su turno respondió muy rápido: bieniusté, y después le ofreció el mate con los ojos bajos.
... Pero ella, Nefer con la fuente de empanadas o el fuentón de carne, Nefer con el vino o partiendo galleta, tenía ojos en la espalda, en los brazos, en la nuca, en todo el cuerpo, y sin mirarlo vio constantemente al Negro.

Enero by Sara Gallardo