New York, Manhattan. El profesor termina la clase un rato antes. Salgo. Es invierno, desde las 5 de la tarde que es de noche. Ganas de llegar a casa. Subte línea 3, rojo, Broadway, estación 50 St hasta la 72. Entro al vagón, camino a contrapelo. Paso uno, dos, el tercero ya está más liberado. Me quedo parada frente al asiento que está más cerca de la puerta. Empiezo a desenfundar: guantes y gorro. El afuera funde a negro entre estación y estación. Ya estoy cerca, queda sólo una. Ganas de llegar a casa. Otra vez los guantes y el gorro. Me arrimo a la puerta y por primera vez miro hacia abajo. Él me sonríe. Yo me sorprendo, casi que me asusto. Nos reímos. Habíamos tomado el mismo subte, yo saliendo antes de lo que acostumbraba y él, un poco después. Habíamos elegido el mismo vagón, nos habíamos parado en el mismo espacio para volver a nuestra casa. Elegimos muchas cosas juntos, por un tiempo. A veces el amor es eso: una convergencia fugaz.