Mientras afuera, entre gemidos las conjeturas más variadas martillaban el corazón de las mujeres del pueblo, ella miraba sus manos y en silencio leía la escritura indeleble. Por la ventana entró el murmullo de los niños de ojos claros, entró en su pecho envejecido y lo armó de fuerza más dura que una coraza. Así se abalanzó hacia las puertas con el cuchillo de suave lengua. Entonces comenzó lo que todos saben. De "De lugares extraños".