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Mostrando entradas de abril, 2010

en Crónicas de motel * Sam Shepard

Si todavía rondaras por aquí Te cogería Te sacudiría por las rodillas Te soplaría aire caliente en ambas orejas Tú, que podías escribir como una Pantera Todo lo que se te metiera en las venas Qué clase de verde sangre Te arrastró a tu destino Si todavía rondaras por aquí Te desgarraría hasta meterme en tu miedo Te lo arrancaría Para que colgara como un pellejo Como jirones de miedo Te daría la vuelta Te pondría de cara al viento Doblaría tu espalda sobre mi rodilla Masticaría tu nuca Hasta que abrieras tu boca a esta vida
El retrato, el rostro humano, es el paisaje más maravilloso... * Sara Facio * autorretrato

Sam Shepard

me encontré con la doble de la Estrella al abrirse hacia los lados la puerta del ascensor y yo salía y ella entraba a las cuatro de la madrugada y vi que estaba absolutamente pirada le pregunté qué había tomado dijo 6 Valium y Vino Blanco porque hoy era el último día de rodaje y le pareció que había que celebrarlo jodiendo con algún tío del equipo y colocándose porque éste era su pueblo y ella iba a quedarse mientras nosotros nos íbamos y la tortura de no ser más que una doble dejada atrás en un pueblo en el que le dolía haber nacido estaba destrozándola ahora de verdad y eso hizo que volviera a avergonzarme de trabajar como actor en una película y provocar ilusiones tan estúpidas de modo que me la llevé a mi habitación sin planes respecto a su cuerpo y ella se sintió desesperadamente decepcionada intentó arrojarse por la ventana y le dije que no valía la pena no es más que una película estúpida no tan estúpida, dijo ella, como la vida.
COSAS QUE PASAN ¿Y ahora?, repitió Ernesto agarrándose la cabeza. No grites, se reprochó. En el sillón del living de su casa, no supo qué hacer. Si su mujer lo veía en ese estado quién sabía lo que podía pasarle. Ella era una mujer sensible. Quizá ir al hospital, hacerse una tomografía, que le limpiaran los cortes. Sin embargo, antes o después, iba a tener que contarle a su familia lo que le había ocurrido. Son cosas que pasan, pensaba. Cómo decirles que había tenido que dejar el auto en la autopista, la secuencia impacto-vidrios-fuego. Todo repentino. Confesarles que no se acordaba cómo había llegado hasta la casa. Que algún hijo de vecino bien intencionado lo había recostado en el sillón. Podría haber sido mucho peor, una desgracia con suerte, iba a decirles. Porque quien lo llevó hasta la casa había sido sumamente respetuoso: ni una flor fuera del florero, amor. Iba a agregar él, con ese tono que usaba para seducirla. Aunque Ernesto sabía que se iban a asustar, e imaginó también qu...

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