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Mostrando entradas de abril, 2009
decidí dar el paso anoche, y levanté el teléfono que hiere soledad. después fui a tu casa, esperaba que sacaras el tubo de mi oreja que mudaras el grito en murmullo que acallaras el llanto que ahoga. ...
Ella necesitaba un abrazo que la encuentre y abra de golpe sus piernas que le diga paráquiéntecreés y que le quite las botas de fem fatal y caramelos que la descubra llorando miedos de películas y la consuele nenita, todavía te falta.
... Todavía descalza, pero ya vestida con su vestido, tira el peso de su cuerpo hacia adelante y con un impulso suave se pone en puntas de pie y cuando se da cuenta que logra mantenerse en equilibrio, cierra los ojos, y con un gesto de dolor anticipado en los labios trata de recuperar aquella posición en puntas, a la que de chica la obligaron. Y puede. Sin imaginárselo puede aunque le duela, aunque se le quiebre un pedacito de uña y vaya a parar frente al espejo. Ella abre los ojos, la uña roja la llama desde es piso y el baile vuelve a comenzar: deja caer el peso de su cuerpo sobre los talones y adelanta un paso, aprieta ese pedazo de rojedad entre los dedos y la uña se confunde en un pie al que no pertenecía, levanta la pierna y agarra la uña con la mano...
Retrato de espejo y sabor a reemplazo, besos de morocha, la misma posición para los cuerpos, cambio de repertorio sobre el escenario de tu cama un deambular de institutrices. Mary Poppins sin deshollinador.

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