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Deseo alópata por Castellanos Moya

“Y entonces, en ese instante, antes de descoser mis infortunios, recordé mi primera visita a donde Pico Molins, unos ocho años atrás, cuando le expliqué con la mayor ansiedad los dolores que me aquejaban en todo el abdomen, que una úlcera me reventaría en cualquier instante, me quejaba yo, mientras Pico sólo se puso de pie para observar el iris de mi ojo y luego me pidió que sacara la lengua, en vez de revisar mi cuerpo con detenimiento, en vez de mandarme a hacer estudios clínicos, tan sólo había visto el iris de mi ojo y mi lengua, lo que claro está que despertó la peor de mis sospechas, sobre todo cuando continuó con una serie de preguntas que parecía juego de infantes, como eso de si yo prefería el frío o el calor, la carne o el pescado, el color rojo o el azul –vaya estupidez, pensé entonces-, y por si esto fuera poco enseguida dijo que me recetaría unas gotitas de sulfur a la menos 60, las cuales debía preparar en un trasto de peltre con agua pura y de las que debía tomar tres cucharaditas al día, caramba, que para gotitas estaba yo con los dolores que padecía…”

De El sueño del retorno.

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