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Las canciones que mi madre me enseñó II

Puse el piloto automático y seguí adelante con mi actuación. Ella se mostró muy afable, y ambos interpretamos nuestro papel en la danza de apareamiento predeterminada en todas las culturas antropoides. Todo ello conducía al intercambio sexual y a su supuesto propósito, la procreación. La seguí por los callejones de nuestro coqueteo y pensé que nos encaminábamos hacia el destino que yo había marcado, cuando se pronto dijo:
-¿Sabes? Ya nos conocíamos.
De “Las canciones que mi madre me enseñó”, Marlon Brando.

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