Hay una ropa específica para dormir. Lleva un nombre específico también para dormir: camisón o pijama. De igual forma, existe un tejido concreto para estar en la cama sin dormir —y cuando digo esto no me refiero a insomnio; ejercer el deseo no es una mera forma de insomnio. Esa prenda específica que inaugura el deseo lleva el nombre de piel, pero eso lo sabéis: sois niños, no marcianos. Seguro que una vez, o más de una o tres o incluso cuatro, probasteis el deseo con vuestros compañeritos de colegio. Seguro que le habéis dado un nombre cercano a la cosquilla, un nombre coloquial exento de jadeos ―conocéis el jadeo, el decibelio en el poro del adulto. (Te doy un chicle hinchable si me cuentas cómo llamáis vosotros al deseo.) de Mercedes Cebrián