...Jamás había conocido a una mujer que desease tanto ser deseada, ni a una mujer que lo temiese tanto. Jamás había conocido a nadie que llegase y se marchase tantas veces, no sólo a lo largo del día, sino durante una hora. ...Entonces, caminando sobre sus largas piernas, acompañada por un puñado de buenas intenciones y con la cabeza llena de caprichos, se dirigía hacia la puerta como si la persiguieran. H Kureishi * Merci Hoch.