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de costado: morocha que fuma imaginada con un antes de frente y mirada amenazante, entro y río sorprendida de espaldas para que no me veas, tango de fondo suena despedida morgado acompaña la tarde primera. Sola de un lado dos del otro quién es quién sobre el tablero de la mesa.
CIUDAD MUJER Ella descansa la mano sobre la mesa o eso intenta que parezca, una mano casi olvidada sobre la mesa de un bar, una mano que pretende invitación. Pero debajo hay un pie que rehúsa cualquier mano cualquier intento de caricia, un pie rítmico por temeroso. Ella, otra mujer que espera en Buenos Aires ciudad mujer, ella que espera sola rodeada de gente: mujer que sigue el movimiento del bar, como aquella otra que espera que un timbre suene, esta espera que alguien roce su hombro, toque su mano o directamente se siente a su mesa. Hay mujeres, de otras que escriben mujeres, que coleccionan pulseras por amantes, flores robadas de jardines ajenos. Ella colecciona el recuerdo de las miradas de aquellos que alguna vez la miraron: ojos negros o marrones, nunca verdes o azules, quizás sí miel pero no grises, nunca ojos que recuerden el mar. No sabe nadar y teme ahogarse. ¿Y los de ella? Negros como si fueran toda pupila. Quizás sea eso, dice ella y la mujer de la mesa de al lado la mira...
Una mujer que acaba de quedar viuda habla con su vecina. Viuda: Justo hoy fui a buscarle los análisis. Vecina: ¿Y cómo le dieron? Viuda: Bien. Vecina: Qué alivio.

dime cómo andas...

"Un ser dotado de inteligencia ¿no se siente soberanamente ridículo cuando cae al suelo, cualquiera sea el motivo? Tanto es así que el pueblo, al que le interesa la caída de un caballo, siempre ríe cuando cae un hombre." H de Balzac

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