El brazo de una mujer cuelga dormido de uno de los costados de la cama. Abrazado a su espalda, el marido acomoda su cuerpo dormido también, para quedar más cerca de ella. Juana lo siente o quizás lo sueña, sueña que un peso se recuesta sobre ella, un peso que le hunde el cuerpo en el colchón y la cabeza en la almohada. -Correte un poco -dice ella sin abrir los ojos, empujándolo suavemente. Él no se mueve, no se sabe peso para esa espalda. -Correte un poco, Jo, me estás aplastando -insiste ella ahora un poco más fuerte- . Jo – repite tratando de moverlo. -Mmm- contesta él y se gira hacia el otro lado de la cama. A la mañana, cuando ella deje sin tomar su café y la tostada de pan lactal se enfríe sobre su plato, él se estará duchando tranquilo creyendo que ha dormido toda la noche abrazando a la mujer que lo ama al saberse amada. -Por Dios… - murmura Juana que no acompañó los movimientos de José con su abrazo, que después de que resurgió sobre el colchón, giró ella también para quedar bo...