Ir al contenido principal

Entradas

Soy sin ellos la cenicienta en radiotaxi todos en uno se libran de mi fiesta la soledad da ese paso que arrastra con la música el eco del eco de lo que pueden los letristas: hacer una canción que diga lo que somos nuestro sentir más íntimo dos o tres palabras lisas y llanas el camino más corto para llegar a casa cuando la radio le enciende al del horario nocturno una compañía. Su nuca me ve: estoy sola, ni la llave me alcanza para sentirme dueña de la cama doble. by Tamara Kamenszain
¿Qué tenés en la cabeza? Cierre de ciclos literarios 2008 o La noche de las lecturas. En la ciudad de Buenos Aires hay más de cuarenta ciclos literarios hechos por la voluntad de personas que se toman el trabajo de organizarlos y por la del público que elige asistir. Estos ciclos tienen en común tres palabras: público + organizadores + literatura. Y los eventos que se generan son de todo tipo. Hay de los que toman agua mineral y tosen; que se emborrachan y no se les entiende; que incluyen música en vivo, teatro, performance; que incluyen entrevistas; que leen; que cuentan; que discuten; que tienen autoras y autores consagrados o que no los va a ver ni la novia, que no los lee ni el novio, que se hacen en bibliotecas, en museos o en centros culturales; en bares, esquinas, boliches, casas; que son de poesía, cuento o novela; que son gratis; que cobran; que son divertidos; que no. Son ciclos literarios, hechos para que escritores y lectores se junten, se conozcan, se escuchen, se mezclen,...
remontarme hacia dónde y soltarme de qué cuando encuentro vacía la casa no hace ruido la puerta ni golpea la ventana y oigo murmurar a los vecinos. hacia dónde caer si nadie me espera barranca abajo con los brazos abiertos ni pone tirante la tela para caer y rebotar y volver a remontarme.

takashi murakami

Tokyo - 1963
el humo de la noche encerrada ilumina apenas la esquina de una mesa en soledad. por haber salido al encuentro de una sonrisa ilusoria un saludo general me dejó excluida. de lejos te vi sillón convocante y me acerqué pensando que quizá comería mandarinas esa noche. tenía el recuerdo de la cáscara que cae con sólo una caricia. ** consolarte en la espera y silenciar mi llanto, acomodarte el pelo por detrás de la oreja y mirar con terror de encontrar a otra en tu mirada.

Seguidores

Vistas de página en total