Mi hermana
apoya las flores en el cajón, y retrocede dos pasos. Con un modesto contacto
visual, el sepulturero empieza a arrojar las primeras paladas de tierra sobre
el cajón. Yo me acerco y me ofrece la pala. Tiro unas paladas, ayudándolo a ir.
"Mi libro
enterrado", Mauro Libertella
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