“TATANA:… Las
manos de un artesano, imaginaba. Un joyero orfebre. Un relojero. Dedos suizos
abriendo los botones. Soltando los lazos. Desenhebrando los cordones. Se le
trababan los botones como a un picapedrero. Tiraba. Algo de una goma higiénica.
Algo así dijo de una goma higiénica. Y date
la vueltita. Groserías. Hablaba entre dientes. Una vulgaridad inefable. Bomba
bomba. Tomá bomba bomba. Tatiana la princesa rusa fea. Y el mujik. No: lo
imaginaba diferente. Se limpió con la sábana. Asomaba un colchón de estopa y
lana. Tuve ganas de escapar. Y más ganas todavía de quedarme y que lo hiciera
de nuevo. No pude luego sacármelo de la cabeza, más tarde cuando atacamos
Juventud Moderna. Ganas de que vuelva a tironearme de la ropa como si fuera una
potranca. Y ganas idiotas de escribirle un poema. Palabras que se me aparecían
como nubes. Él y si grosería inmensa… “Un rapidito antes que nos busquen lo
niños…” “Bomba bomba…”. Y yo como una opa de estación escribiendo a toda hoja
la palabra Bomba en letra gótica. Bomba: el amor es un atentado ácrata.”
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