
4 de junio, lo sé.
Cuatro de junio, vengo repitiendo desde hace una semana.
Hace un año era un día tristísimo, hoy: triste y extraño. Porque aquel 4 de junio se cerrró una puerta, y uno quedó de un lado y otra del otro, pero sin beso de despedida. Y algo de eso extraño. Así, sencillamente como se extraña lo que se amó con el alma.
También fue un 4 -aunque de distinto mes- cuando aquella otra puerta, la de la ilusión, la de un camino lleno de sonrisas y la nuestra, nuestra puerta, exclusivamente nuestra.
A lo que fue, a un año de que eso se terminó y porque sé mucho de lo que me toca.
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