Salieron. Ella parecía intimidada, y, por deferencia, procuraba no hacer ruido al respirar.
-Bueno- preguntó Jacquemort cien metros adelante-, ¿cuándo quiere que la psicoanalice?
Ella se ruborizó, y rehuyó la mirada de Jacquemort. Pasaban junto a un espeso seto.
-¿No podemos hacerlo ahora, antes de ir a misa…?- dijo ella llena de esperanza.




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EL ARRANCACORAZONES

* boris vian

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